TRUJILLO EN SUS LIBROS

Isidoro Requena **

Este texto es respuesta a una invitación de la página www.trujillovirtual.com. La entiendo como una invitación a repensar el Estado Trujillo. Y quiero hacerlo desde el privilegiado mirador de sus libros, los libros sobre Trujillo; en ellos está su identidad narrativa.

Vivo desde hace 23 años en la ciudad de Trujillo, desde entonces habitante de esta casona solariega, sede de la ULA-NURR en Carmona.

Cuántas veces, a lo largo de estos años, me ha llegado la misma invitación a sentarme a conversar en cualquier tertulia acerca de Trujillo. Cuántas breves notas mías, filtradas en coloquios y en escritos han girado persistentemente alrededor de estas obsesivas preguntas: ¿El rostro de Trujillo se asoma al espejo de su escritura? ¿Cuál  rostro? ¿Con qué recursos han intentado atraparlo?

Uno de los primeros trujillanos con que, en el sube y baja de sus calles, me tropecé y me sigo tropezando es don Mario Briceño-Iragorry. Había muerto en 1957. ¿Pero hay alguien más encontradizo, más omnipresente en la ciudad de Trujillo? Huellas fuertes de su presencia andan esparcidas. Su casa natal aturdida hoy por el ruido y la prisa del centro citadino. La cercana Biblioteca pública estadal que lleva su nombre. Su biblioteca personal –los libros manoseados y anotados por don Mario- depositada en el Centro de Historia. La escuela básica, también bajo su nombre, de la Av. García de Paredes, en el antiguo camino que enlazaba a la ciudad con el para entonces lejano San Jacinto –el gran viaje de la infancia de Briceño-Iragorry-. La estatua del Parque de los Ilustres donde cuentan los trasnochadores que lo escuchan conversar en el silencio de la noche con el búho del árbol cercano. El Centro de Investigaciones Literarias y Lingüísticas Mario Briceño-Iragorry del NURR-ULA en Carmona.  

A través de estos 23 años y de estas calles empinadas, hemos ido anudando una profunda amistad. Lo he dicho y escrito muchas veces. ¡Qué suerte la del Estado Trujillo de haber contado con la escritura de Briceño-Iragorry! No sé si otras comunidades regionales tienen un tejedor de urdimbres de tal envergadura, de tal persistencia. Su escritura sobre Trujillo es manadero y desaguadero de toda la escritura trujillana, su alfa y su omega. Por eso, preguntar qué imagen de Trujillo urdió don Mario y con qué escritura la urdió, vale como hacerle estas preguntas a toda la escritura sobre Trujillo. 

Mi amistad con don Mario ha enlazado también a otros amigos. Quiero hacer memoria especial de uno, Domingo Miliani (1934-2002).  Un día -casi recién llegado yo- don Mario me presentó al boconés Domingo Miliani. Mil nexos de amistad y de encuentro con Miliani a lo largo de estos veintitrés años se han ido anudando hasta después de su muerte.  El último en este año 2004, este encuentro, así de improviso, con su libro Entre Montañas y Recuerdos.(Trujillo, Fondo Editorial Arturo Cardozo, 2003). Un libro en el que se enfrenta con el proceso identificatorio personal en el entorno trujillano y venezolano, bajo la mirada persistente del gran obsesivo de la identidad trujillana, venezolana y humana,: Mario Briceño-Iragorry...

Desde mi reflexión filosófica yo traía claro los instrumentos teóricos del proceso identificatorio, que aquí, en el trasiego de muchos días, se han hecho más evidentes.

Los pueblos antiguos construyeron sus epopeyas para autoidentificarse; hoy esta tarea es asumida por el entrecruzamiento de historiografía (que ´crea´ el tiempo histórico) y de ficción (que ´crea´ mundos posibles). Paradójicamente, la historiografía se hace relato incorporando los recursos de 'ficcionalización' del imaginario narrativo; la ficción, asumiendo los recursos de 'historización'.  Ricoeur: El retoño frágil salido de la unión de la historia y de la ficción, es la asignación a un individuo o a una comunidad de una identidad específica que se puede llamar su identidad narrativa. Decir la identidad de un individuo o de una comunidad, es responder a la cuestión: '¿quién ha hecho tal acción?'. La respuesta no puede ser sino narrativa.

Esta función narrativa se define –concluye Ricoeur- a título último por su ambición de refigurar la condición histórica y de elevarla así al rango de conciencia histórica. La condición histórica (historia de hechos) se hace conciencia histórica (relato, conjunto de relatos, al hilo de un destino común).

Sin embargo, el problema de la identidad no se agota –puntualiza Ricoeur- en la identidad narrativa, ya que, se trate  de  un individuo particular o una comunidad de individuos, es la responsabilidad ética el factor supremo de la ipseidad.

Estamos de viaje

Se ha dicho que el hombre es camino, viaje, río, serpiente, vuelo, sueño, juego, telar. Heidegger, el padre de la hermenéutica moderna, tras las huellas certeras de la hermenéutica romántica, ha descrito –con lenguaje metafórico, más que conceptual- el relato del ser humano. Como que conocía la recomendación de Goethe: Lo que heredaste de tus padres, conquístalo para poseerlo. Para Heidegger la vida es un don con el que hay que familiarizarse apropiándoselo a través de un viaje. O, mejor dicho, a través de tres viajes simultáneos: un viaje telúrico de posesión y habitabilidad de la tierra al hilo del tiempo cósmico; un segundo viaje político de construcción de la ciudad  al hilo del tiempo histórico; y un tercer viaje, el viaje de la palabra.

Octavio Paz metaforizó: dos ríos corren paralelos, el de la vida -río de sangre- y el de la reflexión -río de palabras , río de tinta-.  Ese viaje humano -ese río de ´tinta´, ese gran relato- se ha bifurcado desde sus comienzos en multitud de meandros: mitos, religiones, filosofías, artes, literaturas, ciencias…

La escritura de don Mario es el tercer viaje trujillano, espléndido y acucioso relato del doble viaje telúrico y político. En el texto-tejido-tela-paño-enredo-historia-fábula de Briceño-Iragorry sobre Trujillo se adivinan nítidamente dos tramas entretejidas, la tierra y la ciudad, o, dicho de otra manera, los símbolos y los motivos, lo cósmico y lo político. Escritura que interrelaciona - funde - amasa - enreda - trenza - enlaza - los tres viajes de Trujillo.

Este es el rostro de Trujillo, según Briceño-Iraggorry. ¿Con qué escritura lo tejió? Una escritura conversacional (en la plaza pública, o junto al lar familiar, o a través de la carta - su abrumador medio de escritura- para el diálogo con el ausente);.escritura aturdida de voces múltiples, densa de experiencias ajenas, intertexto; biografía personal navegando en la historia colectiva; justificación consensual desde lo escuchado por sus oídos y lo palpado por sus anchas manos; escritura sapiencial, sabiduría común; un adulto que reflexiona-recuerda- narrra y un niño actante. Las fuentes donde bebió son, pues, tres: su infancia y lo escuchado de lo que han visto y palpado y oído otros, como fuentes principales; también a veces los documentos historiográficos.

Esta historia la escribió en textos literarios más que historiográficos. Entrecruzando los recursos historiográficos y las variaciones imaginativas intentó muchas identidades narrativas, urdió muchos rostros superpuestos: el suyo propio, el de Trujillo, el de Venezuela, el del hombre. Y además todas estas tramas identificatorias las firmó y selló con sus responsabilidades asumidas. 

Los albaceas

La realidad del NURR –no una Facultad tradicional, sino una Plurifacultad- ha posibilitado que cohabiten en la sede de Carmona todos los discursos que conviven en toda cultura: mito, religión, filosofía, artes, literatura, ciencias. Hagamos somero recuento de sus inquilinos.. .

El Museo Salvador Valero. Inquilino  que habita las noches más que los días de esta casa, los personajes míticos y la tierra mítica que duermen bajo la cobija de Salvador Valero y su comparsa venerable de artistas trujillanos. Discurso amalgamante. Corazón de esta casa.

El Centro de Investigaciones Literarias y Lingüísticas Mario Briceño-Iragorry. que nos agrupa, alrededor de la literatura, a gente de la lingüística, la literatura, la psicología, la filosofía, las artes. , otro discurso amalgamante de todos los discursos, como la vida humana. anidados en este 4º piso de Carmona, en el penthouse –azotea, pajarera, solana donde solear la vida, atalaya, torrevigía, habitantes de un privilegiado lugar de escucha de la montaña inminente y de las estrellas cercanas. Privilegio que no es del discurso ni del grupo, sino del epónimo: como para que el viejo don Mario supervise todo lo que en esta casa se sueña y se vive.

Aquí habita también la religión, no sólo en los relatos paralelos literario y artístico que custodian los  dos inquilinos nombrados, sino que esta casa huele a religión, huella de otros tiempos es su capilla, y la vigía pacífica arriba y las campanadas rotundas de las horas cayendo de lo alto. ¿No es así también la ULA, Universidad que comenzó siendo Seminario de San Buenventura?

Aquí habitan además muchos grupos investigativos, pertenecientes a las ciencias formales, naturales y humanas.

Y todo girando –quiero entender- alrededor de una tarea y un discurso, alrededor de una palabra fantasmal, la educación.

La memoria escrita de Trujillo está recogida en dos escrituras paralelas, vasos comunicantes: periódicos y libros.  De ambas escrituras se ha hecho el arqueo. El Instituto Autónomo de la Biblioteca Nacional ha microfilmado (1990) toda la prensa trujillana -a partir de 1866- y ha ubicado una copia en la Biblioteca del Estado “Mario Briceño-Iragorry” de Trujillo. La Unidad de Literatura Trujillana del Centro de Investigaciones Literarias y Lingüísticas Mario Briceño-Iragorry ha realizado el correspondiente Banco de Datos, (1866-1945). El Repertorio Bibliográfico Trujillano, en distintos momentos, lo han construido dos trujillanos acuciosos, Rafael Ramón Castellanos y Francisco Omar Araujo.

** Isidoro Requena: Es Profesor Titular Jubilado de la Universidad de Los Andes, tiene un Doctorado de Filosofía en Inglaterra, además de ser miembro activo del Centro de Investigaciones Literarias y Lingüísticas Mario Briceño Iragorry del NURR. Es importante indicar que ha sido galardonado con varios premios, entre el que destaca el Premio Latinoamericano de Literatura.