MI TRUJILLO!!!

Diana Rengifo de Briceño**

Llegué a Trujillo hace 25 años. Lo había conocido en el año 58 cuando vinimos con mi papá a la inauguración del nuevo edificio del Ateneo y del grupo escolar Mario Briceño Iragorry. El gobernador entonces era don Mario Briceño Perozo y nadie me dijo que veinte años después sería la esposa de uno de sus hijos.  Nos quedamos esa vez en el antiguo Hotel Trujillo...fuera del pueblo. ¡Puro campo! Cuando volví en el 79, Trujillo estaba casi igual: las mismas dos largas calles, pero tenía dos salas de cine y un Núcleo Universitario de la ULA de reciente creación donde trabajaríamos mi esposo y yo. El Núcleo ha crecido y algún día llegará a ser la Universidad Autónoma Rafael Rangel de Trujillo, pero los cines desaparecieron y con ellos una parte importante de la ciudad.

Cuando llegue a Trujillo, sólo había una emisora radial en la ciudad: Radio Trujillo: la Sultana Musical de los Andes y cada mañana después de un programa que combinaba rancheras con joropos de dudoso gusto, escuchábamos religiosamente “Cómo Amaneció Trujillo”, esa crónica maravillosamente humana que a diario realizaba Don Francisco Oscar Salazar y Castaño, un colombiano que se sembró en este pueblo para siempre. Eran amaneceres que preparaban a los habitantes del pueblo para el día que vendría. Se sabía si habría actos culturales públicos a los cuales asistir, o  funerales de algún conocido, o fiestas, nacimientos o bautizos. Todo lo contaba Salazar con un estilo peculiar que en mucho coadyuvó a la fama de Radio Trujillo. Con el tiempo vinieron otras emisoras: Radio Primera (la competencia) y la 102.5, primera FM de la ciudad. Y también proliferaron  conjuntos comerciales denominados con pompa Centros Comerciales.

Me nacieron dos hijos aquí. Dos trujillanos nacidos con la ayuda del hoy fallecido Dr. Toro y del Dr. Antonio Nicolás Briceño. Y he contribuido a terminar de criar –porque de algún modo eso hacemos los profesores del NURR- a muchos otros trujillanos. Son varias las generaciones de egresados de nuestra primera casa de estudios que he tenido como alumnos-.

Quiero decir que uno se va consustanciando con los lugares sin darse cuenta. Escribo esto y voy pensando cuantas cosas han desaparecido y a cuántas personas que entonces conocí y fueron mis amigos hoy hecho de menos. A veces los cerros de Trujillo me agobian. Soy caraqueña y el Avila está como un guardián frente a Caracas, pero no la cerca. Aquí los cerros te impiden plantearte un horizonte y creo que de alguna manera eso influye en el común de los trujillanos. En todos estos años,  a Trujillo sólo se le agregaron dos vías alternas: la Amparo Briceño y la Numa Quevedo, pero es que en términos generales no tiene para dónde crecer. Quisiera saber en qué pensaban aquellos cabildantes que realizaron su última mudanza, y que traían a cuestas una ciudad itinerante que pudo reposar en tantos valles. Quizá creyeron que el Gobernador de la provincia todavía les permitiría una nueva mudanza... Los mucas vivían bien, porque era un pueblo pequeño y al principio el Trujillo criollo creció pujante, pero no mucho. La geografía también influye en el desarrollo de los pueblos.

** Diana Rengifo de Briceño: Es Profesora Titular de la Universidad de Los Andes, entre sus principales distinciones resalta que es Individuo de Número  del Centro Historia del Estado Trujillo.