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Cuando
llegue a Trujillo, sólo había una emisora
radial en la ciudad: Radio Trujillo: la
Sultana Musical de los Andes y cada mañana
después de un programa que combinaba
rancheras con joropos de dudoso gusto,
escuchábamos religiosamente “Cómo
Amaneció Trujillo”, esa crónica
maravillosamente humana que a diario
realizaba Don Francisco Oscar Salazar y
Castaño, un colombiano que se sembró en
este pueblo para siempre. Eran amaneceres
que preparaban a los habitantes del pueblo
para el día que vendría. Se sabía si habría
actos culturales públicos a los cuales
asistir, o
funerales de algún conocido, o
fiestas, nacimientos o bautizos. Todo lo
contaba Salazar con un estilo peculiar que
en mucho coadyuvó a la fama de Radio
Trujillo. Con el tiempo vinieron otras
emisoras: Radio Primera (la competencia) y
la 102.5, primera FM de la ciudad. Y también
proliferaron conjuntos comerciales denominados con pompa Centros
Comerciales.
Me
nacieron dos hijos aquí. Dos trujillanos
nacidos con la ayuda del hoy fallecido Dr.
Toro y del Dr. Antonio Nicolás Briceño. Y
he contribuido a terminar de criar –porque
de algún modo eso hacemos los profesores
del NURR- a muchos otros trujillanos. Son
varias las generaciones de egresados de
nuestra primera casa de estudios que he
tenido como alumnos-.
Quiero
decir que uno se va consustanciando con los
lugares sin darse cuenta. Escribo esto y voy
pensando cuantas cosas han desaparecido y a
cuántas personas que entonces conocí y
fueron mis amigos hoy hecho de menos. A
veces los cerros de Trujillo me agobian. Soy
caraqueña y el Avila está como un guardián
frente a Caracas, pero no la cerca. Aquí
los cerros te impiden plantearte un
horizonte y creo que de alguna manera eso
influye en el común de los trujillanos. En
todos estos años,
a Trujillo sólo se le agregaron dos
vías alternas: la Amparo Briceño y la Numa
Quevedo, pero es que en términos generales
no tiene para dónde crecer. Quisiera saber
en qué pensaban aquellos cabildantes que
realizaron su última mudanza, y que traían
a cuestas una ciudad itinerante que pudo
reposar en tantos valles. Quizá creyeron
que el Gobernador de la provincia todavía
les permitiría una nueva mudanza... Los
mucas vivían bien, porque era un pueblo
pequeño y al principio el Trujillo criollo
creció pujante, pero no mucho. La geografía
también influye en el desarrollo de los
pueblos.
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Diana Rengifo de Briceño: Es Profesora
Titular de la Universidad de Los Andes,
entre sus principales distinciones resalta
que es Individuo de Número del Centro Historia del Estado
Trujillo.
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