LA CULTURA TRUJILLANA: ARRAIGO Y PRESENCIA DE LA EXPRESIÓN POPULAR.

Mgs. Carmen Araujo Valero**

La cultura trujillana se define y caracteriza por diversos aspectos: una historia nutrida de hechos reales y el fantástico mundo del imaginario, destacando por una parte importantes personajes heroicos, memorables, luchadores que definieron nuestro pasado; y por otra, seres legendarios desbordados de misterio y encanto.

Esta estructura cultural define la identidad trujillana, los modos de ser, pensar y actuar, y se revela a través de diversas manifestaciones  tales como las celebraciones y tradiciones, los testimonios escritos y las expresiones artísticas,  que han encontrado en el hecho popular, asidero para salvaguardarse en una firme pureza de saber y sentimiento.

Particularmente, el arte popular se constituye en el arbitrio para expresar, mantener y difundir nuestra cultura, permitiendo que los sentimientos colectivos y saberes sociales se fundamenten a  través de formas, colores y un simbolismo religioso y espiritual común; ejecutado por un importante grupo de artistas que se hace cada vez más numeroso y que son reflejo de la inmensa sensibilidad, imaginación y creatividad de sus hacedores. Entre estas expresiones destaca la pintura, que al decir de Briceño Perozo (1984), “la cultiva el trujillano por vocación, para dar paso al discurso incontenible de llevar al lienzo la imagen de un héroe, la belleza de un amanecer montañés, la nostalgia de un atardecer campesino, la mansedumbre de los bueyes que tascan la hierba, la fuga del agua por entre los riscos de la serranía, el vaho tibio  que emana de la tierra, la aldea silenciosa guardada por altivos peñascos”(p.203).

El artista, al pintar, modelar, esculpir, está perpetrando un documento colectivo de una historia común, convocando en su obra diversos elementos que al hacerse visibles, testifican a una sociedad. Eso hacen los artistas populares trujillanos, olvidan la perfección porque para ellos, el arte va más allá de las formalidades técnicas, adquiriendo un nivel de grandeza espiritual. Pintar, es representar la realidad de los paisajes, las personas y los hechos. Esculpir es convertir las ideas en superficies palpables y con esto, invitan a desdibujar fronteras entre conceptos y teorías, pues su origen natural, emana de montañas y campos, de creencias y pertenencias, donde se alojan  el paisaje y la fe como  apología del discurso.

Es así como la piedra, la madera y el barro dejan de ser simples materiales y se convierten al entrar en juego con las manos y la imaginación de los artistas, en una estrategia para narrar y describir sucesos y sentimientos, haciendo del arte la presencia inmortal, la fuerza imperecedera de la cultura.

La condición de andino que distingue al trujillano, le atribuye una suerte de privilegio con fenómenos y narraciones legendarias y míticas creadas a partir de la imaginación y el intercambio con la naturaleza, expresado en leyendas, creencias y mitos que han permanecido a lo largo del tiempo en la memoria, gracias a la oralidad y  a la plástica popular.

Trujillo, a través de sus creadores populares consolida su geografía, documenta su historia y testifica el rico mundo de tradiciones, costumbres y leyendas, y de esta manera, reúne lo más simbólico de su cultura. La historia señala como antecedentes del hecho plástico popular trujillano a  los cuicas,  primeros habitantes de esta región, de hecho, expresa Pérez Carmona (1976), que este legado permite que “como portadores de fórmulas tradicionales espontáneas y virtuosas a la vez, seamos el canal exuberante por donde fluye una gran manufactura del arte popular”(p.75), y esto da fuerza y solidez a la valiosa representación de artistas populares, entre quienes destacan Salvador Valero, Eloísa Torres, Antonio José Fernández (El Hombre del Anillo), Josefa Sulbarán, Navor Terán, Rafaela Baroni, José (Pepe) Calabrés, Omira Lugo, José Manuel Torrealba, Manuel Cabrera,  Evelia Mendoza, Lorenza Bastidas, Felicinda Terán de Salazar, Antonia Azuaje, Carmen Torres, José Márquez, Víctor González, Marcos Sánchez, entre otros.

Por otra parte, la cultura trujillana se ve enriquecida con los artistas de carácter académico, entre quienes destacan: José Felipe Márquez, Petronila de Vásquez, José Juan Rodríguez, Ricardo Salazar, Pablo Fernández, Aníbal Briceño, Ilvio Rivero, Tomás Godoy, Bartolo Lugo, Alberto Aranguren, Agustín León, Ángela Raga, José Luis Angulo, Emilia de Linares, José Juan Rodríguez, Agustín León, Luis Alberto Villegas, José Manuel Rosales, Henry Viloria, Emilia de Linares, Omar Rumbos Morón, Juana Francisca Hernández; Agustín Montilla y José Ramón Quintero, Adhemar González, Rafaela Castellanos, Rómulo Pérez, Marcos Miliani, Asdrúbal Colmenárez y Alfonso Rodríguez, Miguel (Pía)  Viloria, Cristóbal Godoy, Lenin Ovalles, Edgar Parra, y otros, quienes desde perspectivas diversas en el arte contemporáneo, el paisajismo, surrealismo y distintos estilos, tendencias y técnicas  han sido forjadores de un arte trujillano ejemplar.

Este escenario cultural trujillano, atestiguado desde tiempos muy distantes, se guardan en la memoria como una fortuna que día a día congrega al trujillano a volver al pasado, en una celebración de sabernos portadores de un legado imborrable, con rasgos que son practicados entre las luces del día y entre el silencio nocturno. Un trayecto que se define en las palabras, sus sonidos y significados, las formas y los sentimientos que nos sujetan a valores identitarios tan sublimes como garantes de su propia autenticidad.

Referencias:

Briceño Perozo, Mario (1984). Historia de Trujillo. Academia Nacional de la Historia. Caracas.

Pérez Carmona Antonio (1976). Los Cuicas y sus Herederos Poéticos. Armitano. Caracas.

** Mgs. Carmen Araujo Valero: Licenciada en Historia de la Universidad de Los Andes en el año 1987, Especialidad en Museografía en el INAH-MÉXICO en el año 1994, posee una Maestría en Gerencia de la Educación de la Universidad de los Andes desde el año 2002. Además de ser Profesora a Dedicación Exclusiva de la Universidad de los Andes, es Directora del Museo de Arte Popular “Salvador Valero” (ULA-Trujillo) desde Junio 2002.

Esta investigadora adscrita al Centro de Investigaciones Literarias y Lingüísticas “Mario Briceño Iragorry” (ULA-NURR), tiene una gran preocupación por la divulgación de la cultura trujillana, colaborando en proyectos que promuevan al pueblo trujillano.